Y si lo hace todo una librería, sin tener que crear código nosotros, no hace falta decir más.
Hace unos días que lo estuve pensando, y con asuntos recientes en esto he vuelto a darle vueltas al tema de que hay algo que no funciona en este mercado. Y son algunas empresas.
Y es que por suerte no todos los casos iguales, pero sí siguen casi todas las empresas de Comunicación un mismo perfil que las identifican perfectamente como tal. Un perfil que destaca, que rodeándose de un equipo (necesariamente no reconocido, pero que tienen estudios específicos en el ámbito de la Comunicación) que acaban de la forma que les vino, absolutamente de la nada. Quizás la etapa se acaba con la firma de un buen contrato de varias cifras, en la que nunca se acaba hablando del producto final, o simple resultado.
Y una situación que acaba repitiéndose una y otra vez, grandes palabras, visitas al otro lado del charco. Bonitas y útiles conferencias de personas que dice saber mucho, que se consideran ellas mismas y la gente nombra como gurús. Muchas palabras en inglés, tecnicismos varios. Pero incapacidad de saber llevar un proyecto en práctica.
Más en situaciones concretas que necesitan una intervención rápida de la empresa, como puede ser con un cliente relacionado con la política. Saber actuar, llevar ese proyecto que tan bien salía en un papel, dejarlo en redes sociales y que fluya. Como si el niño que dejase el barco de papel en el río se le llevase la corriente. Pero no.
Y todo esto, además se une que, por lo menos algunas de estas empresas, incapaces de ver un solo proyecto finalizado (por el usuario final, o con un impacto verdaderamente ridículo) ya ni se preocupan del aspecto externo, del diseño. Con cosas que realmente no se pueden permitir empresas que dicen dedicarse a eso y que se autodenominan profesionales (otra vez).
Todo no vale. Y parece mentira que existan cosas así.




